Apoteosis

Posted by Maldito | Posted in | Posted on 16:23

A sus 27 años, Felipe se consideraba adicto a la verdad, en constante búsqueda de conocimiento.

Esta sed de saber lo había llevado a la situación en la que se encontraba: a punto de desvelar la verdad ultima…

No le fue difícil tomar la decisión, no tenía mucho que perder, nada que lo atara a este mundo. Sabía que nadie entendería sus motivo por lo que no se molestó en dejar una nota. No fue la depresión ni la soledad, como muchos dirían, lo que lo llevo a esto, fue simplemente la curiosidad mezclada con una fuerte determinación y una falta de apego al mundo material.

Solo la expectación lo embargaba durante los segundos que le tomó preparar los medios necesarios para lograr su cometido: Una pistola, una bala. No necesitaba más que eso. Con una calma sobrenatural puso el frio metal contra su sien y sonrió mientras presionaba el gatillo.

Fue el ruido más fuerte que haya oído en su vida, lo sintió en todo su cuerpo, cada célula de su ser se estremeció mientras su cuerpo se partía en dos y se deshacía para formar parte de la niebla del mundo que dejaba atrás. Dejo de ser lo que era para fundirse en la eternidad, su esencia se unió a la esencia única que habita en todas las cosas, libre de la barrera de sus sentidos lo entendió todo, lo sintió todo, un orgasmo cósmico que resonó en todos los confines del universo.

Así, en una fracción de segundo, Felipe dejó de existir.

Otra piel

Posted by Maldito | Posted in | Posted on 18:43

Otra piel

“¿Sabías que el cuerpo humano demora dos semanas en renovar completamente todas las células de la piel? Dos semanas son suficientes para enfrentar el mundo con una nueva piel, para sentirlo todo de una forma en la que nunca antes lo habíamos sentido, para botar junto a nuestra piel muerta las escamas que dejaron nuestras lágrimas al secarse. Ahora me es imposible pensar y sentir más allá de los 14 días que llevo encima, más allá de los gritos, llantos y palabras que se dijeron sin pensar. Lo llevo todo sobre mí. Juntémonos de nuevo, en otro lugar, en otro tiempo… En otra piel”.

Le tomó un tiempo levantar la mirada, pude ver el miedo en sus ojos, pero no fui capaz de tomar su mano para tranquilizarla. Todo este tiempo junto a ella me dio la habilidad de predecir con bastante precisión sus reacciones, casi podía ver la nube de ideas arremolinándose en su cabeza; mi propuesta la tomó completamente desprevenida, pero sería capaz de entenderlo: mi intención no era alejarla de mí, solo quería que sanaran nuestras heridas antes de hablar de ellas. Sus ojos me dieron la respuesta un segundo antes que su boca “Esta bien, creo que es lo mejor”. Miles de palabras bullían dentro de ella, sin embargo comprendió que no harían ningún bien ahora. “dos semanas” dijo como si tratara de dimensionar lo que estaba aceptando. Nos pusimos de pie, la miré y tomé su mano como nunca antes… y como nunca más.